Érase una vez una gran temporada

Poner punto y final a esta temporada es cosa de Ultrahombres, ya que muchos, incluidos nosotros, querríamos repetirla durante toda la vida. Un sueño hecho tangible, tan tangible que hemos podido hincarle el diente y saborearla.

Un entrenamiento hecho a la medida de #UltraChamba lo ha hecho disfrutar de una forma tan especial, que las pruebas sólo han sido la guinda del pastel. Del pástel de boda, porque así acababa esta temporada. ¡Vivan una vez más los novios!

De antemano se notaba la dureza que iba a exigir dicha temporada, porque el reto era Canadá. Mundial y Ultraman, ambas palabras en un mismo nombre lo dicen todo. Y más dura aún por la sombra de Gales del 2014 y su tercer puesto en el mundial. Las miradas caían en nuestra espalda, pero eso nunca fue un problema. El esfuerzo del día a día era la meta real, y, sobretodo, superarse. El final fue increíble, los resultados también, pero Chamba sigue quedándose con el trabajo previo y futuro. Como dijeron en su día: “El trabajo duro vence al talento cuando el talento no se está esforzando.”

La temporada empezó a finales de Octubre principios de noviembre. Una preparación muy meticulosa iba a ser el preludio de esta segunda parte de una saga que no sabemos cuando acabará. La buena base del año anterior ayudó a la aclimatación de cuerpo y mente y las respuestas que el cuerpo da a esos estímulos tan fuertes son mucho mejores de las que habríamos previsto jamás.

Hacer una selección de pruebas es difícil, pero por lo que fueron, estas han sido las que más han dado al futuro de nuestro #Ultrafondista.

Mérida, 101km nocturnos el día de su cumpleaños. Meteorología dura, recorrido aún más duro y resultado increíble. Escapado desde el km 22 gana una carrera que no pudo conquistar el año antes. Los resultados estaban a la vista desde el principio.

Ronda, 101 km exageradamente calurosos. 56 kilómetros encabezando una carrera acompañado de cinco fieras dispuestos a todo. El calor hace estragos y un corte de digestión hace que Chamba tenga que parar. Ante la mirada atónita de todo el mundo, se niega a abandonar y cuarenta minutos después termina por casta que no por fuerza. Décimo y menos mal.

Bandolero, 150 km. Mal clima, poco material y las cosas cuesta abajo y sin frenos desde el principio. Una caída por falta de luz hace que su abductor quisiera descanso a 50 kilómetros del final. 96 kilómetros en cabeza hacen plantearse forzar, pero la temporada era larga y una retirada a tiempo es una victoria. La elegimos como favorita porque perder enseña incluso más que ganar. Bandolero, volveremos. Es una amenaza.

Un puñado de carreras más y todas afrontadas con fatiga hacen palpable que el entrenamiento está siendo increíble. Ultratrail de los Alcornocales. Tercero en mucha fatiga que sabia a gloria.

Triatlones de media distancia. Salamanca, por ejemplo. Buena carrera y con una vuelta de sobra porque no nos informaron bien.

La acumulación de horas estaba haciendo lo que tenía que hacer y estaba dando los resultados que queríamos ver.

Desafío Herbalife. He aquí el punto clave para llegar a Canadá como un toro. Dos pruebas, Bola del mundo en Madrid y Sierra nevada. Segundo en la general y que empiece la batalla, que estamos preparados.

Canadá fue un sueño. Aún se dejan pasar por aquí los escalofríos. Los primeros días fueron demasiado duros, el cuerpo de Chamba no se aclimataba ni a la hora, ni al lugar, ni a nada de nada. El miedo se le veía en los ojos pero sabía que no podía tirar la toalla. Un día antes de empezar, su cuerpo le dice que no estaban allí por casualidad, por fin.

El primer día de prueba nadaba como un tiburón y cogía la bici como él mismo porque no hay comparaciones posibles. Sexto en el agua y comiéndose a tres en el sector de bici, tercero en la general. El recuerdo de Gales empezaba a temer por su posición. Y el dolor, como le dice su psicóloga, no está porque te has acostumbrado a él.

El segundo día fue una batalla de dioses. Tres UltraMan dispuestos a ganar fuese como fuese. 290 km de lucha indiscriminada por una victoria que daría alas. Segundo ante la bandera de cuadros, y un tercero en la general mucho más afianzado.

La estrategia del tercer día era aguantar. El tercero estaba muy bien y los que se tenían que pelear eran los de delante. Pero claro, esa estrategia no se la creía ni él. Una vez allí, no se rendía nadie. Tirar, tirar y tirar para reventar el record mundial que ya tenía el año antes. 7 horas y 17 minutos en triturar los 90 km corriendo. Y una segunda posición en la general que demostraban que el año había sido perfecto.

Esta forma de vida, como el mismo Chamba nos decía, lo es todo para él. Una vez acabe un par de compromisos que le quedan, dará rienda suelta a una nueva temporada. Ya que su descanso se lo ha tomado en su luna de miel.

2016 aún no sabemos como será, pero lo único que tenemos claro es que, seguro, y pase lo que pase, estará marcado porque dar todo habrá sido el único objetivo claro.

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